Dolor de uno, dolor de todos

By Arnoldo Kraus

En Dolor de uno, dolor de todos, Arnoldo Kraus nos habla constantemente sobre los angeles necesidad que tiene l. a. character que soporta el dolor de restaurar en su horizonte important un rayo de esperanza, un sentimiento reconfortante: sentirse escuchado, tal vez tocado.

Prólogo de Francisco González Crussí.

"En l. a. clínica l. a. palabra más frecuente es dolor; transferir esa carga y asumir que llegó a buen puerto le permiten al enfermo depositarse, saber que sus dolores y miedos fueron entendidos y suelen mejorar sin medicamentos y sin necesidad de exámenes o radiografías...

Como si lanzara un recordatorio a quienes dan los angeles impresión de haberlo olvidado, el health professional Arnoldo Kraus menciona en este libro que el primer deber del médico es aliviar el sufrimiento; que el dolor no es un beneficio sino un agobio que pesa sobre el enfermo, haciéndolo más enfermo de lo que sería sin él.

Que el dolor sea, desde un punto de vista filosófico, inexpresable o indecible, cube el autor, no significa que l. a. palabra no tenga un papel decisivo para aliviarlo. l. a. verdad profunda del dolor puede ser inefable, pero el médico íntegro que es Arnoldo Kraus tiene de su lado l. a. experiencia que lo lleva a escribir con consciencia sobre el tema."

Francisco González Crussí

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Dolor no es palabra suficiente. Sus vivencias, los traumatismos físicos y emocionales, disminuyen con el tiempo pero (casi) nunca desaparecen. Descomponen l. a. vida. l. a. mayoría de las víctimas no logran desprenderse completamente de los recuerdos dolorosos. Aun provectos, el pasado regresa: en los sueños, en los tiempos libres, en las alegrías, en las tristezas. Para algunos contar es necesario; para otros esconder y es esconderse es imprescindible. Dolor no es palabra suficiente: las vejaciones se convierten en partes de l. a. arquitectura corporal.

Una mirada ilimitada, unos guiños al ser amado, rodeados de tristeza, saturados de dolor, “unas palabras desde mi cuerpo: decir, antes de decir adiós, te amo”. •Unas líneas, pocas, suficientes, descarnadas, “lo que digo no se escucha, lo que veo no me mira, lo que cojo entre mis manos escapa. �Mañana? , �la calle? , �café? , �crisparse ante los angeles demolición del mundo? Lo mío ha dejado de ser mío. Sólo un último deseo: huir del dolor. No tolero más humillación”. Palabras vivas, impregnadas de dolor y sabiduría, palabras que recuerdan y piden, palabras de todos los días: —Estoy tranquila —dijo una niña con leucemia, lastimada por los procedimientos médicos habituales.

Las huellas de los angeles vida, alegres o dolorosas, cambian al individuo. los angeles química del dolor siempre ha sido igual. Lo que cambia es el alma, es el rictus. Los años, el envejecimiento y los lastres de las enfermedades dejan huellas. Los “genes del alma” absorben mundo, escriben historias. Van de un lugar a otro, miran, se alimentan, tocan; al regresar, trastocan l. a. vida e imprimen nuevos sellos en los angeles arquitectura de l. a. personality. personality significa en latín y en griego máscara. Con el tiempo las caras de las personas cambian; sus expresiones, gestos, arrugas y muecas modifican l. a. fisonomía.

Combinar ambas, y cuidar a quien demanda soluciones para sus dolores, es arte y vocación humana, de ninguna forma exclusiva de l. a. profesión médica. Pensar y repensar en los angeles necesidad del dolor para existir, sea físico —si el paciente lo siente es genuine— o anímico —si el enfermo no lo percibe pero el médico lo sospecha es adecuado indagar—, siempre será tema vigente. Al igual que Don Quijote, quien, como decía Luis Cernuda, nunca se cansaba de vivir, el dolor siempre será, junto con los angeles muerte, tema perenne.

El recuerdo de los angeles tierra unique siempre escuece. En l. a. biografía de Pizarnik se lee que, además de tartamudear, hablaba con acento europeo, sufría acné y sobrepeso. Esas circunstancias, en l. a. niñez, propician burlas y estigmatización (hoy se llama bullying), y son simiente para los angeles exclusión, los angeles autoexclusión y, en casos extremos, los angeles sensación de humillación como acmé de esa mezcla. Su autoestima period pobre. Acudió durante años a psicoanálisis y se recargó en las anfetaminas, sea para bajar de peso o mejorar su libido.

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