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Edgard Allan Poe y el misterio de la bella cigarrera

El 28 de julio de 1841 el hallazgo en el río Hudson del cuerpo sin vida, con visibles señales de violencia, de Mary Rogers, una joven conocida en todo Nueva York como «la bella cigarrera», dio inicio a uno de los más famosos «crímenes del siglo». Policías, jueces, forenses y comités de ciudadanos se esforzarían inútilmente por resolverlo, mientras l. a. prensa, sedienta de sangre y de ethical, creaba uno de los primeros «sucesos» sensacionalistas. Se multiplicaron los sospechosos y las conjeturas. Se escribieron novelas y romances. ¿Estaba en realidad l. a. joven viva? ¿Había sido víctima de una banda de maleantes? ¿De un amante despechado? ¿Quién period el hombre «de tez morena» con el que se los angeles vio antes de desaparecer?

Edgar Allan Poe, que seguía el caso con interés y necesitaba desesperadamente un éxito para relanzar su carrera, tuvo l. a. inspiration de reconstruirlo en El misterio de Marie Rogêt (incluido en un apéndice a esta edición), un relato paralelo ambientado en París y protagonizado por el detective Auguste C. Dupin. Tenía asimismo l. a. ambición de resolver el misterio y señalar al culpable, pero l. a. realidad, con inesperadas revelaciones, se le adelantó. En Edgar Allan Poe y el misterio de los angeles bella cigarrera Daniel Stashower cuenta los ardides del escritor para acomodar los angeles ficción a l. a. realidad y traza un magnífico retrato de su vida y de su medio. Mezcla de biografía y relato de suspense, éste es un libro imprescindible para los amantes de Poe y de las historias de detectives.

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Oh! –dijo–. �Sólo eso? Hilliker volvió a mirar al testigo en los angeles mesa contigua. –Sí –respondió–, y el asesinato de Mary Rogers. 10       La hora robada Por un instante los angeles acusación de Hilliker quedó en el aire mientras Morse se mostraba entre incrédulo y ofendido. Hilliker repitió muy despacio l. a. acusación y le entregó formalmente los angeles orden de detención expedida por el juez Taylor. Cada vez más indignado, Morse trató de salir del paso y afirmó que debía tratarse de un blunders. Por fin, cuando el agente amenazó con ponerlo a disposición de l. a. justicia de Boston, aceptó lo inevitable y se puso en sus manos.

L. a. cuestión alcanzó un momento crítico en abril de 1842. Después de una breve indisposición, Poe regresó a su trabajo y descubrió que su puesto lo había cubierto Charles Peterson, un editor asociado. Es posible que Peterson sólo estuviera sustituyéndolo en su ausencia, pero él vio motivos para ofenderse. Siempre quisquilloso respecto a su puesto, creyó que lo habían ninguneado y tal vez dejado de lado en un ascenso. No tardó en dejar los angeles revista. Igual que en sus empleos anteriores en el mundo de los angeles prensa literaria, nadie se puso de acuerdo en si se había ido voluntariamente o lo habían despedido.

Morse se puso en pie y quiso saber cuáles eran los cargos contra él. �Las denuncias interpuestas por vuestra mujer», respondió Hilliker. Al oírlo, Morse se mostró �extrañamente complacido» y volvió a sentarse. –¡Oh! –dijo–. �Sólo eso? Hilliker volvió a mirar al testigo en los angeles mesa contigua. –Sí –respondió–, y el asesinato de Mary Rogers. 10       La hora robada Por un instante los angeles acusación de Hilliker quedó en el aire mientras Morse se mostraba entre incrédulo y ofendido. Hilliker repitió muy despacio los angeles acusación y le entregó formalmente los angeles orden de detención expedida por el juez Taylor.

Si esa última entrega se publicaba tal como se había escrito, todas las teorías y conclusiones de Dupin parecerían equivocadas e incluso ingenuas a los angeles luz de lo sucedido en Weehawken. Y, lo que aún resultaba más embarazoso, todos los pronunciamientos de Poe sobre las �coincidences apenas inteligibles» y el cálculo de probabilidades, publicados en l. a. primera entrega, se considerarían vacíos y jactanciosos. Con los angeles fecha de publicación en el calendario, Poe hizo lo mismo que Dupin en l. a. primera entrega de El misterio de Marie Rogêt.

En los meses siguientes, el escritor oscilaría entre un cauto optimismo y l. a. desesperación más absoluta. �Mi querida mujercita ha estado peligrosamente enferma –le contó a un amigo en febrero–, pero hoy las perspectivas mejoran, y confío en no tener que apurar esta amarga copa de tristeza. » En verano, sin embargo, hablando de los angeles �renovada y desesperante enfermedad» de Virginia, declaraba que �apenas tengo una vaga esperanza de que se recupere». Por un tiempo, Poe se refugió en el trabajo y se dedicó a publicar poemas y cuentos en Graham’s journal mientras crecía su reputación.

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