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El libro de la señorita Buncle (Rara Avis nº 1)

«Barbara Buncle y sus vecinos derrochan encanto, y son los compañeros ideales incluso para el más lluvioso fin de semana.» The Scotsman

El libro de los angeles señorita Buncle es como un Cranford de los años treinta: uno novela deliciosa, ligera, cómica y un poco malvada, un libro dentro de un libro sobre los secretos de un pueblecito inglés.

Una novela deliciosa, ligera, cómica, ingeniosa y un poco malvada, un libro dentro de un libro, de l. a. mano de una autora totalmente inédita en España. Y un argumento sencillo pero de enredos: Barbara Buncle, una joven soltera que vive en un pequeño pueblo inglés, make a decision escribir una novela para aumentar sus ingresos. Como se considera una personality sin imaginación se dedica a contar l. a. vida de sus vecinos bajo un nombre falso. El libro se publica y cuando comienza a round por el pueblo los vecinos se ven reflejados y traman una venganza sobre quien ellos creen autor de los angeles novela.

Dorothy Emily Stevenson (1892-1973), hija de un primo de Robert Louis Stevenson, escribió su primer libro, Peter West, en 1923, al que siguió Mrs. Tim of the Regiment (1932), en el que daba cuenta de sus experiencias como esposa de un militar. En 1934 publicó El libro de los angeles señorita Buncle, que tuvo un inmenso éxito. A partir de entonces escribiría una novela al año, de las que vendería millones de ejemplares en Gran Bretaña y Estados Unidos; entre ellas se encuentran las dos continuaciones de El libro de los angeles señorita Buncle (Miss Buncle Married en 1936 y The Mrs. Abbotts en 1943), An Empty World (1936), Music within the Hills (1950) y Gerald and Elizabeth (1969).

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Bournemouth? No. Pensaba en Egipto, por ejemplo, en un clima seco y caluroso… este invierno nada más, naturalmente. –Supongo que sí, si fuera necesario… es decir, si es necesario, sí, por descontado –rectificó, súbitamente alarmada. –No me gustaría decir que es necesario, pero es muy aconsejable –contestó él, eligiendo cuidadosamente las palabras. los angeles señorita King comprendió que lo que el médico le preguntaba period si podían permitírselo, y a eso le contestó. –Tenemos algunos ahorros, por si empeoran los tiempos… –dijo ella sonriendo lánguidamente.

Empezamos desde el principio? –Sí –dijo Ernest–, aunque, no sé, tal vez prefiera usted traducir un poco. El grado elemental es bastante aburrido. Es que, como comprenderá, no sabía que period usted… Pensé que sería… En fin, saqué esos libros solo porque… –Pero ¡si soy muy ignorante, de verdad! –dijo Sally, y lo miró inocentemente abriendo mucho sus ojos azules–. Ya verá el susto que se lleva cuando vea lo poquísimo que sé. No me acuerdo de nada de lo que haya podido aprender en mi vida. ¡Qué azules tenía los ojos!

A mí me parece prueba más que suficiente, porque, aunque se pueda leer mientras se hace punto, escribir es imposible, ¿no crees? Para eso haría falta tener dos pares de manos, ¿a que sí? Si no, no puede ser. –¡Menuda Sherlock Holmes estás hecha, vamos! –dijo Dorcas con un deje de ironía. –Bueno, sé cuántas son dos y dos, como el que más –contestó Milly risueñamente–, y bastante mejor que algunos. En l. a. media hora libre de Nannie, sin los gemelos por allí, me inputé de más cosas que todo Silverstream en el salón de Las Jarcias en toda l. a. santa tarde.

No me extraña que l. a. chica de los angeles peluquería se riera –pensó con desconsuelo–; con estos pelos parezco un bicho raro. ¿Habrá algo en el mundo para deshacer l. a. permanente? Seguro que l. a. única solución es cortarse los rizos al cero. » los angeles aparición de una joven vestida de negro cortó en seco las pesimistas reflexiones de Barbara. Con actitud altiva, le ofreció una silla dorada y preguntó qué se le ofrecía a «Moddam». Barbara estaba tan aterrorizada que no podía hablar, de manera que se restrictó a entregar l. a. carta de Sally y a esperar el resultado.

Tenemos que encontrar a ese hombre –decía l. a. señora Featherstone Hogg, que no había dejado de hablar de Edwin y de sí misma. Entre otras muchas cosas, había dicho que el personaje de los angeles señora Horsley Downs no se parecía a ella en absoluto y que no comprendía cómo había podido un desconocido averiguar tantos detalles de su vida privada, y que, evidentemente, no l. a. conocía lo más mínimo, porque, de lo contrario, nunca l. a. habría vilipendiado de esa forma tan ultrajante. Sin embargo, el coronel Weatherhead no le prestaba atención.

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