La Navidad cuando dejamos de ser niños (Brevis)

Navidad: los angeles ocasión para no cerrar las puertas a nadie, ni siquiera a los que se han ido... El más dickensiano de los temas en cinco cuentos inéditos hasta hoy en español.

Breve colección de relatos navideños de Charles Dickens, rescatados de los números navideños de l. a. revista que dirigió, Household Words, que todos los años por esas fechas y desde 1850 sacaba un especial para las fiestas. Algunos son un breve canto a los angeles Navidad vivida como el gran momento de l. a. hospitalidad, los angeles ocasión para no cerrar las puertas a nadie, ni siquiera a los ausentes. Otros son relatos en los que se representa a distintos personajes alrededor del fuego contando historias en Nochebuena.

Grandes relatos, pequeñas joyas, todas ellas del mejor Dickens y su “espíritu navideño”.

Charles Dickens nació en Portsmouth en 1812. En Alba hemos publicado Oliver Twist (1837; ALBA CLÁSICA MAIOR núm. XXIII), Estampas de Italia (1846; ALBA CLÁSICA núm. LVII), David Copperfield (1849-1850; ALBA CLÁSICA MAIOR núm. XX); Grandes esperanzas (1860-1861; ALBA CLÁSICA MAIOR núm. I; ALBA MINUS núm. 12), La señora Lirriper (1863-1864; ALBA CLÁSICA núm. CX) y Una casa en alquiler (1858; ALBA CLÁSICA núm. CXV). Murió en Londres en 1870.

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EL CUENTO DE NADIE Vivía a orillas de un río caudaloso, ancho y profundo, que corría siempre silencioso e iba a parar a un océano inmenso e ignoto. Existía desde que empezó el mundo. Había cambiado a veces su curso, y abierto nuevos cauces, dejando los antiguos secos y baldíos; pero su fluir jamás se había detenido, ni lo haría hasta el ultimate de los tiempos. Nada podía avanzar en contra de su caudal impetuoso e insondable. Ningún ser vivo, ninguna flor, ninguna hoja, ninguna partícula animada o inanimada desviaba su rumbo jamás del océano ignoto.

Cuando éste le ordenó que me mirara, puso su huesuda garra en los angeles coronilla de ella, arrodillada a su lado, y le obligó a volver l. a. cara hacia mí. Un pensamiento involuntario relacionando a ambos con l. a. Sala de Disección, como seguramente a menudo los habría relacionado en tiempos del cirujano, me asaltó en medio de l. a. inquietud. »–¡Mira cómo lloriquea este gallina! –dijo mi tío–. ¡Mira qué niñito de pecho! He aquí al caballero que, según dicen, no tiene otro enemigo que a sí mismo. He aquí al caballero incapaz de decir que no.

Se es mi castillo, y ésas son las circunstancias reales de mi vida allí. A veces llevo al pequeño Frank conmigo. Mis nietos lo reciben con alegría, y juegan juntos. En esta época del año, Navidad y Año Nuevo, rara vez salgo de mi Castillo. Pues los recuerdos de estos días parecen retenerme allí, y sus preceptos parecen enseñarme que es bueno estar en él. –Y el castillo está… –empezó a decir los angeles voz grave y armoniosa de uno de los presentes. –Sí. Mi castillo –continuó el pariente pobre, moviendo los angeles cabeza sin dejar de contemplar el fuego– está en el aire.

Aquel día fui realmente bendecido, y un nuevo mundo se abrió ante mí. Nos casamos enseguida, y lleve a mi esposa a nuestro feliz hogar. Éstos fueron los cimientos de l. a. residencia que he mencionado antes; el castillo donde hemos vivido juntos desde entonces. Todos nuestros hijos nacieron en él. El primero fue una niña –hoy en día casada–, a los angeles que llamamos Christiana. Su hijo se parece tanto al pequeño Frank que apenas los distingo. »La thought más extendida sobre los angeles manera en que me trató mi socio también es completamente errónea.

Period Jane! ¡Y menudo sombrero llevaba! Y ¿podéis creer que se había casado con el viejo Quesero? No tardó en ser muy general que, estando nuestros compañeros en mitad de un partido, vieran un carruaje detrás de l. a. parte baja del muro, justo antes de los angeles parte alta, con una dama y un caballero mirando por encima. El caballero period siempre el viejo Quesero, y l. a. dama period siempre Jane. los angeles primera vez que los vi fue de ese modo. Había habido muchos cambios entre nuestros compañeros de aquella época, y ¡resultó que el padre de Bob Tarter no nadaba en los angeles abundancia!

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