Las penas del joven Werther

By Johann Wolfgang von Goethe

Publicada en 1774, revisada en 1787, Las penas del joven Werther es quizá una de las obras más influyentes de los angeles literatura common. El «efecto Werther» no sólo creó tendencias literarias y modas en el vestir, sino también una atypical oleada de suicidios. Fue libro de cabecera de Napoleón… y también del monstruo de Frankenstein. Todos –clásicos y románticos– quisieron apropiarse de él: fue icono del sentimentalismo y héroe de los angeles exaltación revolucionaria; también fue, como dijo Thomas Mann, «el horror y el espanto de los moralistas». Al ultimate de su vida, Goethe lamentaba que l. a. mayoría de los jóvenes que peregrinaban a Weimar para visitarlo sólo conocieran esa obra suya. Hoy leer las desventuras de este joven artista burgués que, a raíz de un amor prohibido, descubre su insospechada comunidad con los locos, los humildes, los desdichados y hasta los asesinos no anula ni el distanciamiento ni l. a. identificación. Werther sigue preguntándonos si pactar es una necesidad o una rendición. Sigue apuntando a nuestro yo, y lo que significa conservarlo. Sigue hablando de nosotros mismos. Este volumen incluye las clásicas ilustraciones de Daniel Nikolaus Chodowiecki para las primeras ediciones del libro.

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Así se hicieron las seis y media, y entonces oyó a Werther subir las escaleras; reconoció al instante sus pasos, su voz preguntando por ella. Cómo latió su corazón, y casi podríamos decir que por vez primera, al oír que llegaba. Habría querido que los angeles excusaran, pero, cuando entró, exclamó con una especie de intensa confusión: �No has cumplido tu palabra». �Yo no he prometido nada», respondió él. �Al menos podrías haber atendido mi ruego –replicó Lotte–, te lo pedí para tranquilidad de ambos. » No sabía muy bien lo que decía, ni tampoco lo que hacía, cuando envió a buscar a algunas de sus amigas para no estar a solas con él.

Tendrías que haberla visto atendiendo al anciano, levantando los angeles voz para que pudieran oírla sus oídos medio sordos, hablándole de robustos jóvenes que habían muerto de forma inesperada, y de las excelencias de las aguas de Karlsbad, y alabando su decisión de ir allí el próximo verano, pues encontraba que tenía mejor aspecto, que estaba más jovial que los angeles última vez que lo vio… Entre tanto, yo había presentado mis respetos a l. a. mujer del párroco. El anciano estaba muy animado y, como no pude por menos que elogiar los hermosos nogales que tan amablemente nos daban sombra, empezó, aunque con alguna dificultad, a relatarnos su historia.

Ste fue tu canto, oh Minona, hija de Torman, de suaves mejillas rojas. Derramamos lágrimas por Colma, y nuestra alma se ensombreció. �Ullin apareció con el arpa y nos ofreció el canto de Alpin. l. a. voz de Alpin sonaba amable, el alma de Ryno period como un rayo de fuego. Pero ya descansaban en los angeles estrecha morada y su voz se extinguía en l. a. de Selma. En una ocasión, Ullin había vuelto de cazar antes de que los héroes cayeran. Escuchó su competición de canto sobre los angeles colina. Su canto period dulce, pero triste.

No tanto como crees –repliqué–. Admite que llamamos enfermedad mortal a aquella que ataca a l. a. naturaleza de tal forma que devora parte de sus fuerzas, y deja a las demás tan sin efecto que no son capaces de recuperarse ni de restablecer, con un afortunado giro, el curso basic de l. a. vida. Y ahora, amigo mío, apliquemos esto al espíritu. Observa al hombre en sus limitaciones: cómo le afectan las impresiones, cómo se graban en él las principles, hasta que finalmente una creciente pasión le priva de todo su sano juicio y lo condena a l. a. perdición.

Un árbol sin hojas y altas hierbas que susurran al viento indican al cazador l. a. tumba del poderoso Morar. No tienes madre que te llore ni una muchacha con lágrimas de amor. Muerta está l. a. que te dio a luz, caída los angeles hija de Morglan80. �¿Quién es el que se apoya en su bastón? �Quién es aquel que tiene l. a. cabeza blanca por l. a. edad, los ojos rojos por las lágrimas? Es tu padre, �oh, Morar! , padre de ningún otro hijo que no seas tú. Oyó hablar de tu fama en los angeles batalla, oyó hablar de los enemigos derrotados, oyó hablar de l. a. gloria de Morar.

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