Los hermanos Karamázov

By Fyodor Dostoyevsky

Los hijos legítimos de Fiódor Pávlovich Karamázov –un «bufón», un «filisteo», un «déspota», solo en última instancia un padre– se reúnen después de haber sido educados, lejos unos de otros, en distintas partes de Rusia: Dmitri es soldado y, como su padre, bebedor, derrochador, lujurioso; Iván se ha convertido en un intelectual, el primer existencialista, según diría Jean-Paul Sartre; Aliosha ha abrazado l. a. religión y vive en un monasterio. Ineluctablemente, los angeles reunión normal precipita los angeles disolución y los angeles tragedia.

Los hermanos Karamázov (1878-1880) fue los angeles última novela de Dostoievski y ahora l. a. presentamos en una nueva traducción, l. a. primera en español en casi 50 años. Esta obra enormous cuya influencia ha perdurado hasta nuestros días ha contado con admiradores como Tolstói (un ejemplar de l. a. novela fue encontrado junto a su lecho de muerte), Freud, Heidegger, Wittgenstein, Einstein, Sartre, Cormac McCarthy, J. M. Coetzee o Kurt Vonnegut. Este último, en su novela Matadero 5, dijo que todo lo que uno necesitaba saber en l. a. vida se encontraba en l. a. novela de Dostoievski.

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Me está escuchando? Resonaba en los angeles voz de Katia una nota tan imperiosa que Iván Fiódorovich, tras un momento de vacilación, se decidió, a pesar de todo, a subir otra vez en compañía de Aliosha. –¡Estaba escuchando! –susurró para sí con irritación, aunque Aliosha pudo oírle–. Permita que me deje puesto el abrigo –dijo Iván Fiódorovich al entrar en l. a. sala–. No voy a sentarme. Voy a quedarme solo un minuto. –Siéntese, Alekséi Fiódorovich –dijo Katerina Ivánovna, mientras ella se quedaba de pie. Apenas había cambiado en ese tiempo, pero sus ojos oscuros centelleaban con un fulgor maligno.

Aun así, un hombre como yo es el preferido y a él se le rechaza. Pero ¿por qué? Pues ¡porque esta joven, por agradecimiento, quiere violar su vida y su destino! ¡Qué absurdo! Nunca le he dicho nada de esto a Iván; Iván, desde luego, tampoco me ha dicho ni media palabra, no ha hecho los angeles menor alusión; pero el destino se cumplirá, el digno permanecerá en su sitio, mientras que el indigno se esconderá en su callejón para siempre, en su sucio callejón, en aquel callejón que le gusta y es tan propio de él, y allí, en el fango y el hedor, perecerá de buen grado y con placer.

Pero, de todos modos, ¡Dios me da pena! –Bueno, tampoco está mal –dijo Aliosha. –¿Que me dé pena Dios? ¡La química, hermano, los angeles química! No hay nada que hacer, reverendo padre, apártese un poco, ¡llega los angeles química! Y Rakitin no ama a Dios, ¡huy, no lo ama! Ése es el punto flaco de toda esa gente. Pero lo ocultan. Mienten. Fingen. «Entonces, ¿vas a ocuparte de eso en los angeles sección de crítica? », le pregunto. «Así, abiertamente, no me van a dejar», cube, y se ríe. «Pero, después de eso –le pregunto–, ¿qué va a ser del hombre, sin Dios y sin los angeles otra vida?

Es usted admirable! Yo siempre había pensado que es usted admirable, ¡estoy encantada de poder decírselo ahora! –¡Lise! –dijo l. a. madre, muy seria; no obstante, no tardó en sonreír–. También se ha olvidado usted de nosotras, Alekséi Fiódorovich, no quiere usted venir a vernos nunca; y eso que Lise ya me ha dicho dos veces que solo está a gusto con usted. Aliosha levantó los ojos, fijos en el suelo hasta ese instante, volvió a ruborizarse de repente y, también de repente, volvió a sonreír sin saber él mismo por qué.

Si escuchara a escondidas una vulgar conversación mundana, eso sí sería una bajeza, pero aquí lo que ocurre es que los angeles propia hija se ha encerrado con un joven... Escuche, Aliosha, debe saber que también a usted le tendré vigilado en cuanto nos hayamos casado, y sepa también que pienso abrir y leer todas sus cartas... Queda usted avisado. –Sí, naturalmente, en ese caso... –balbuceó Aliosha–; pero no está bien... –¡Ay, qué desprecio! Aliosha, querido, no vamos a reñir desde l. a. primera vez; será mejor que le diga toda los angeles verdad: desde luego, está muy mal escuchar detrás de los angeles puerta y, naturalmente, es usted quien tiene razón, no yo, pero, de todos modos, yo pienso escuchar.

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