Mary Barton (Penguin Classics)

By Elizabeth Gaskell

‘O Jem, her father won’t hearken to me, and it’s you need to shop Mary! You’re like a brother to her’

Mary Barton, the daughter of upset exchange unionist, rejects her working-class lover Jem Wilson within the wish of marrying Henry Carson, the mill owner’s son, and creating a larger existence for herself and her father. but if Henry is shot down on the street and Jem turns into the most suspect, Mary unearths herself painfully torn among the 2 males. via Mary’s issue, and the relocating portrayal of her father, the embittered and brave activist John Barton, Mary Barton (1848) powerfully dramatizes the category divides of the ‘hungry forties’ as own tragedy. In its social and political environment, it seems to be in the direction of Elizabeth Gaskell’s nice novels of the commercial revolution, specifically North and South.

In his advent Maconald Daly discusses Elizabeth Gaskell’s first novel as a pioneering ebook that made public the nice department among wealthy and negative – a subject that encouraged a lot of her best work.

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Te lo digo por última vez. Él nunca pudo manejarme y tuvo el sentido común de no intentarlo siquiera. No quieras hacer lo que él no consiguió. Iré mañana a Liverpool, veré a mi hijo y estaré a su lado ocurra lo que ocurra; y si muere, qué sé yo, tal vez el Señor en su misericordia quiera llevarme a mí también. ¡La tumba es una buena cura para un corazón dolorido! Volvió a desplomarse en el sillón, agotada por el esfuerzo que acababa de hacer, pero cada vez que intentaban hablar de alguna cosa les interrumpía con l. a. repetición de las mismas palabras: «Iré a Liver­pool».

Todos se mostraron dispuestos a escucharle. El hombre lo no longeró y se levantó como un gran orador, con el brazo extendido y los angeles mano iz­quierda metida en el chaleco, y empezó a declamar con voz impostada y teatral. Tras un estallido de elocuencia en el que se fundían las proezas de Bruto el viejo y el joven71 y se exageraba el poder impossible to resist de los «millones de Manchester», el londinense descendió a cuestiones más prosaicas y no defraudó el buen juicio de quienes lo habían enviado como delegado. Las masas cuando actúan a su antojo parecen tener criterio para distinguir a los hombres de talento usual; es una lástima que valoren tan poco los principios y el temperamento.

Pero después del incendio hablé con el señor Carson y me dijo: «Tendré que economizar y moderar el gasto hasta que pasen los malos tiempos, de eso puedes estar seguro», con que ya ves que ellos también lo pasan mal. –¿Alguna vez han visto a uno de sus hijos morirse de hambre? –preguntó Barton con voz grave y profunda–. No digo que a mí me vayan tan mal las cosas. No me gusta hablar de mí, pero no soporto ver a hombres como Davenport agonizando por falta de comida. Solo tengo a Mary y ella se las apaña muy bien.

Si no encuentro otro trabajo, me dedicaré a eso. Aunque Jem tiene el puesto garantizado de por vida. No, no te ruborices, muchacha. ¡A estas alturas los dos sabéis lo que sentís! Margaret los angeles cogió de l. a. mano y le sonrió con dulzura. activity Legh los angeles observó con atención a l. a. luz de una vela. –Tienes un poco más de colour en las mejillas... no mucho; pero l. a. última vez que te vi tenías los labios tan blancos como l. a. pared. Se te ha afilado un poco l. a. nariz, te pareces más que nunca a tu padre. ¡Dios! ¿Qué te ocurre, niña?

Oh, señor, dígame que hablaba usted en broma! Le pido perdón si le he ofendido, pero dígame que hablaba usted en broma. No sabe lo que Jem es para mí. Lo miró humilde y angustiada. –Ojalá fuese una broma, señora; pero lo que le he dicho es cierto. Se lo han llevado acusado de asesinato. Encontraron su pistola en el lugar de los hechos y unos días antes un policía lo vio discutiendo con el señor Carson por una chica... –¡Por una chica! –le interrumpió los angeles madre, otra vez indignada, aunque demasiado débil para demostrarlo–.

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