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Memorias de antes del exilio (Clásica)

Coincidiendo con los angeles conmemoración de 2011 como Año Ruso, Alba recupera las memorias del hombre que mató a Rasputín. El príncipe Félix F. Yusúpov, que en su momento fue el hombre más rico de Rusia retrata l. a. caída del régimen zarista a los angeles vez que compone una crónica social de los grandes fastos que rodearon su vida. Un elocuente retrato de l. a. vida aristocrática en l. a. antigua Rusia y de los angeles caída del imperio del Zar.

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El dueño de esos pájaros los hacía cantar mediante instrumentos de fabricación propia que golpeaba unos contra otros. Dirigía a sus cantores como un director de orquesta, deteniendo su canto y volviendo a suscitarlo a su capricho, y los pájaros cantaban incluso por turnos, a modo de solistas. Nunca he escuchado nada semejante. En Moscú como en San Petersburgo, mis padres invitaban siempre a su mesa a todo el que pasara por allí. Conocíamos una character, famosa por su avaricia, que se las apañaba para que uno u otro amigo los angeles invitara todos los días de l. a. semana con excepción del sábado.

Su actitud paternal me devolvió el valor y l. a. serenidad. En los momentos tan difíciles que estaba pasando solo, lejos de los míos, ese testimonio de simpatía, sincero y cordial, me resultaba muy reconfortante. Pero no podía demorarme demasiado en su casa: mi tren salía a las nueve de los angeles noche, y aún no había hecho l. a. maleta. Antes de marcharme les comuniqué brevemente los detalles del drama. –A partir de hoy –les dije–, nos vamos a mantener al margen de los acontecimientos y vamos a dejar que otros continúen lo que nosotros hemos empezado.

Rasputin me miró fijamente, luego entornó los párpados y, tras reflexionar unos instantes, me dijo: –Esto es lo que ocurrirá, querido: ya está bien de esta guerra, ya se ha derramado demasiada sangre. Es hora de poner fin a todas estas matanzas. Los alemanes ¿acaso no son también nuestros hermanos? El Señor dijo: «Amarás a tu enemigo como a tu hermano»… Por esa razón l. a. guerra debe terminar. Él se resiste todo el tiempo. Ella tampoco quiere oír nada de eso. Es obvio que alguien los aconseja mal, pero ¿por qué?

Acababa de abrir un medical institution para mujeres tuberculosas y me invitó a ir a visitar a los necesitados que vivían en los tugurios de los arrabales y de los cuales muchos estaban ya afectados por esa poor enfermedad. Volví a Arjánguelskoie con el corazón rebosante de esperanza. Las palabras de los angeles gran duquesa me habían aplacado y reconfortado. Respondían a todo lo que me atormentaba desde hacía tanto tiempo. Recordaba lo que me había dicho el sacerdote al que había consultado en el pasado: «No filosofes demasiado… cree simplemente en Dios».

Eran frecuentes los apagones, por lo que l. a. velada solía concluir a los angeles luz de las velas. El interés con el que nuestros padres habían recibido nuestro periódico y el hecho de que los divirtiera no les impedía albergar cierta preocupación. Sabían que las distracciones más inocentes no estaban exentas de riesgo; todo, en esos tiempos convulsos, period para ellos motivo de inquietud y de temor. Nuestro semanario conoció una vida efímera. Se publicaron trece números, pero tras esa cifra fatídica, l. a. gripe española fue dejando fuera de combate a todos los redactores.

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