Los chicos del ferrocarril (Las Tres Edades)

Un clásico de l. a. literatura inglesa, igualmente entretenido para niños y mayores, que no se ha dejado de imprimir desde 1906.
Después de que su padre se ausentara misteriosamente de casa, Bobbie, Peter y Phyllis se mudan con su madre a una pequeña casa de campo llamada las Tres Chimeneas, al lado de una estación de tren. Pronto los niños descubren cuánta diversión se esconde en ese mundo nuevo para ellos y se hacen amigos de todos, desde el jefe de estación hasta de un señor mayor que los saluda cada mañana a las 9:15 en punto, cuando pasa el tren en el que viaja. Pero el misterio de los angeles desaparición de su padre se cierne sobre ellos. ¿Dónde estará? ¿Va a volver?
Este clásico de Nesbit, de prosa sencilla y lúcida, es una de las historias más entrañables sobre el paso de los angeles infancia a los angeles edad adulta que se han escrito.

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Ahora frota y friega y friega y frota –dijo Phyllis dando saltitos de alegría mientras Bobbie traía con cuidado l. a. pesada tetera del fuego de los angeles cocina. –¡Oh, no! –exclamó Bobbie muy asombrada–, los angeles muselina no se frota. Se pone el jabón hervido en el agua caliente y se hace con todo ello una buena espuma, y luego sacudes los angeles muselina y l. a. retuerces, con cuidado, mucho cuidado, y toda los angeles suciedad sale. Solo se frotan las cosas burdas como manteles y sábanas. Las lilas y las rosas Gloire de Dijon de fuera se balancearon a merced de l. a. artful brisa.

Los angeles merienda no outcomeó muy alegre. Peter estaba tan disgustado con el hecho obvio de que algo terrible le había ocurrido a Bobbie que se limitaba a decir �Más pan y mantequilla, por favor», a intervalos llamativamente cortos. Phyllis acarició los angeles mano de su hermana bajo l. a. mesa para expresarle su afecto, pero derramó los angeles taza al hacerlo. El ir a buscar un trapo para limpiar los angeles leche derramada ayudó un poco a Bobbie. Pero pensó que los angeles merienda jamás se acabaría. Finalmente se acabó, y cuando Mamá retiró l. a. bandeja, Bobbie l. a. siguió.

Hacen amigos, aprenden a valerse por sí mismos, son reconocidos por los adultos, conocen el miedo y l. a. decepción, salvan vidas... �Qué más puede pedir un niño? A nadie le gusta esperar. En los angeles espera el tiempo es lento y espeso, nos cube el filósofo suizo Harold Schweizer. Nesbit había trabajado muy duro durante años con l. a. poesía, las novelas para adultos y el periodismo. Cuando finalmente encontró su voz en los libros infantiles, autores ya consagrados, como H. G. Wells y Rudyard Kipling, reconocieron que lo que estaba haciendo period único.

Gritó en l. a. oscuridad una voz agonizante que no period los angeles de Peter. –¡A l. a. oficina de l. a. policía no! –dijo otra voz procedente de l. a. oscuridad. –Todavía no –dijo el jefe de estación–. A los angeles oficina de l. a. estación primero. Porque, �acaso estamos ante una banda organizada? �Hay alguien más por ahí? –Solo nosotras –dijeron Bobbie y Phyllis, saliendo de los angeles sombra de otro camión rotulado con Stavely Colliery, con los angeles leyenda escrita con tiza blanca: �Buscado en el n. º 1 de l. a. calle». –¿Qué pretendía usted hacer espiando así a una character?

Y los angeles pena: �Cinco años de servicios penitenciarios». –Oh, Papá –susurró arrugando el periódico con fuerza–. No es verdad. No me lo creo. No lo has hecho. �Nunca, nunca, nunca! Llamaron a los angeles puerta. –¿Qué pasa? –dijo Bobbie. –Soy yo –dijo l. a. voz de Phyllis–, el té está listo y un chico le ha traído a Peter una cobaya. Vente para abajo. Y Bobbie tuvo que hacerlo. eleven EL SABUESO CON EL JERSEY ROJO Ahora Bobbie conocía el secreto. los angeles página de un viejo periódico que envolvía un paquete (solo una pequeña casualidad) se lo había desvelado.

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