Mientras seamos jóvenes

Cuando el cuerpo sin vida de una estudiante aparece en un zaguán de Las Palmas, y el supuesto asesino solicita su ayuda, Ricardo Blanco no sabe que se enfrenta a uno de los casos más complejos de su carrera. A medida que se adentra en l. a. investigación, no está seguro de que su cliente se merezca el tiempo y el esfuerzo que requeriría librarlo de una condena que todos dan por segura. En Mientras seamos jóvenes, l. a. nueva novela de José Luis Correa, ambientada en el mundo universitario, verdades y mentiras se entrecruzan. Los que deberían defender al sospechoso parecen empeñados en su condena y, en cambio, los que rivalizan con él proclaman su inocencia. Las relaciones viciadas, los conflictos generacionales, las intrigas académicas dan vida a una historia que tiene los ingredientes que han hecho de Correa una de las voces más genuinas del landscape literario real: un ritmo vertiginoso, una visión socarrona del mundo y un lenguaje poético que abren un espacio unique y muy sugerente en el mundo recurring de l. a. novela negra.

Ritmo cinematográfico, a veces trepidante. Pero con tiempo para respirar. l. a. narración discurre directa, average, sincera, concisa. Juan Cruz

¿Alguien dijo que l. a. novela negra había exhalado su último suspiro? Correa muestra que el género está vivo y en muy buen estado de salud. l. a. Verdad Digital

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Si íbamos a seguir jugando al gato y al ratón ya me tocaba gato. Le mandé un mensaje de guasap a Inés. No bebas mucho. Mañana te voy a necesitar. Te invito a un buen desayuno y te lo cuento. Me levanté al salón. Ya que no podía dormir me quedaría jugando a los recortables. En los angeles mesilla de cristal siempre tengo revistas viejas que me gusta releer. El País Semanal o El Cultural de ABC o algunas otras que vienen con los periódicos del domingo. Fui a por unas tijeras y unos guantes. Iba a cometer un delito. Como diría mi abuelo, no se puede hacer una tortilla sin romper los huevos.

L. a. mano del rector period artful y decidida. l. a. mirada de Álvarez, cortante y suspicaz. Mi ánimo, desvaído. Pero el tiempo apremiaba y los tres teníamos tarea por delante. Gervasio se comprometió a velar por los angeles seguridad de l. a. italiana en San Roque. Regidor a realizar algunas llamadas durante el fin de semana. Y yo a estar el lunes a las doce (el hombre tenía que presidir un claustro universitario antes) en su despacho. El rector subió a los angeles tercera planta a interesarse por l. a. salud de Chiara. Álvarez dio orden al policía que lo esperaba afuera de que organizara los turnos de guardia.

Tampoco me gustan las corridas de toros y no voy a fusilar a todos los toreros. –Me estás saliendo por peteneras. �A qué viene ese cambio de actitud? Hace unos días dudabas de l. a. ethical de tu cliente. –Y sigo dudando. Pero verás: anteanoche ocurrió algo curioso. Inés me está ayudando con l. a. investigación. Y se dejó caer por Mendizábal para ver si alguien había visto a Del Amo el jueves anterior. Mientras hacía preguntas le salió un pretendiente de veinticinco años. Ella, claro, se lo give upó de encima como a una mosca verde.

Si Chávez daba risa el guagüero Maduro daba pánico. Le vinieron a dar una ametralladora a un enfermo de parkinson. l. a. ducha debería haberme devuelto el alma al cuerpo pero fue incapaz de ahuyentar el desánimo que me había provocado l. a. conversación con Tito Ramírez sobre el valor de los angeles vida. Porque yo andaba preocupado por una muchacha asesinada en mi ciudad cuando allá de donde venía él morían a diario tres o cuatro. A navajazos. A tiro limpio. Degolladas. Eso sin contar las que simplemente desaparecían, aquellas cuyos cuerpos jamás volvían a encontrarse.

No me harían falta para hacerme una inspiration de lo cabrones que podemos llegar a ser los hombres cuando nos lo proponemos. Esponda sabía de lo que hablaba. Su primer marido los angeles había abandonado por una colombiana que conoció en net. El tipo había dinamitado un matrimonio feliz, l. a. sonrisa de Margarita y los ahorros de cuatro años por una mulata falsa como moneda de dos caras. Al outcomeó que nada period suyo: ni su nombre (no se llamaba Esterlizia) ni su edad (no tenía veinticinco años) ni sus tetas.

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